QUAI D’ORSAY

27 mars 2011

L’imposture française dans cette affaire de la Colombienne otage, sauvée par les services secrets colombiens en 2008 n’a plus à être démontrée, tout a été dit ici et dans mes livres, mais je me dois de vous montrer une fois de plus ce qu’est Wikileaks, et l’usage qu’en font les médias, y compris en Colombie.

Le plus grand hebdo colombien, Semana, publie ce jour un document de Wikileaks sur « La Saga française » dans cette affaire. Vous pourrez constater :
- Que ce vol des archives du Département d’Etat ne contient pas le 1/10e des infos fournies ici ou dans mes livres en français et en espagnol.
- Que Semana a donc attendu 5 ans et Wikileaks pour fournir un prétendu scoop sur des points hyperconnus sans aucune de mes révélations.

Jamais cet hebdo, propriété de la famille du président Santos, n’a daigné écrire la moindre ligne sur ma dernière version : « Ingrid B : pasos en falso » (Planeta), ni me contacter pour une interview, malgré le courrier envoyé à son directeur.

Quant à Wikileaks, il part en eau de boudin avec ce plat réchauffé…et bourré d’erreurs: Michel Pinard n’a jamais été ministre des Affaires étrangères, mais n°3 à l’ambassade de France à Bogota !

Voici le papier en question que je ne vais quand même pas traduire et que je vous demande de ne pas le faire. Nous avons d’autres priorités, mais il fallait marquer le coup :

SEMANA
La saga francesa

LOS SECRETOS DE WIKILEAKS
En su desesperación por liberar a Íngrid Betancourt, Francia echó mano de toda clase de recursos, desde aprovechar a Hugo Chávez hasta hacer propuestas secretas a las Farc. Estados Unidos, en cambio, buscó el rescate militar de sus contratistas.
Sábado 26 Marzo 2011
Cuatro años después del secuestro de Íngrid Betancourt, el gobierno francés estaba agotado y desesperado por las infructuosas gestiones para lograr su liberación. Había intentado desde reuniones clandestinas con las Farc, pasando por otras oficiales con países amigos, hasta presionar al gobierno colombiano y a la guerrilla a través del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Pero nada había funcionado. Ni siquiera había logrado una prueba de supervivencia.
En un cable confidencial de comienzos de 2006, el entonces embajador estadounidense en Colombia, William Wood, narró los detalles de una reunión con su homólogo francés Camille Rohou, quien le dijo que había « fatiga con ese tema ». Esto se notaba en que había bajado el fervor en las protestas públicas a favor de la libertad de Betancourt y en el hecho de que el presidente de su país, Jacques Chirac, por primera vez no la había mencionado en su habitual mensaje de fin de año. Rohou dijo que esto era importante para que las Farc entendieran « cómo sus activos estaban perdiendo valor y la comunidad internacional, la paciencia con ellos ».

Pocos meses atrás, el embajador gringo en París registró cómo el ministro francés de Asuntos Exteriores, Michel Pinard, les había confiado la frustración francesa con Uribe al no lograr un acuerdo humanitario. « Si los israelíes pudieron negociar con Hezbolá un intercambio de prisioneros, Colombia debería hacer lo mismo con las Farc », dijo. Tampoco ayudaba para la tranquilidad francesa la posición de Estados Unidos frente al secuestro de sus tres contratistas. Para este país, la única opción de libertad era a través de un rescate. De hecho, en una de sus comunicaciones cuentan que el presidente Álvaro Uribe « permitiría un esfuerzo unilateral de Estados Unidos para liberar a los rehenes », algo que habían buscado ante « la incapacidad del Ejército colombiano de hacer un rescate ».

Aunque los gringos siempre se presentaban fuertes en su política de « no negociar con terroristas », la verdad es que sabían que contaban con el plan B de las gestiones de Francia. Por un lado, Uribe en repetidas oportunidades mostró un irrestricto compromiso a incluir a los contratistas en cualquier acuerdo que se autorizara en el tema de Íngrid. Por el otro, el entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, les había dado la tranquilidad de que cualquier intento de rescate por parte de Colombia « se hará con plena coordinación con los Estados Unidos », pues para él esto era una operación de « doble llave ». Y alentaba a los familiares de los contratistas diciéndoles que la Embajada norteamericana « no se opondría a que otros países o individuos facilitaran la liberación ».

Parecían cerrarse las puertas para el gobierno de Chirac. La misión humanitaria que había emprendido en 2006 junto con España y Suiza había fracasado, en teoría, porque Uribe había hecho públicas unas gestiones que debían ser de bajo perfil. Pero a los pocos días de ese incidente, el embajador Suizo en Colombia contó en la Embajada que lo que pasaba era que « los franceses, en general, hacen lo que quieren ». En privado, Colombia decía lo mismo. Luis Carlos Restrepo, entonces alto comisionado de Paz, se había quejado de los franceses con los gringos, pues estos habían hecho reuniones con Raúl Reyes sin autorización, y creía que incluso estarían dispuestos a pagar por la libertad de Íngrid. El embajador le pasó esta información a Washington, pero luego los franceses contestaron que ellos coordinaban todos sus contactos con Colombia.

Lo que más les preocupaba a los estadounidenses de esta intensa actividad gala era que habían involucrado al presidente Hugo Chávez. Según el ministro Pinard, desde 2005 Francia se alió con el presidente venezolano con el fin de presionar al gobierno colombiano y a las Farc para buscar un acuerdo humanitario que incluyera a Íngrid. El contacto con la guerrilla, según Pinard, se daría porque en el gobierno venezolano había personas que dialogaban con ese grupo, aunque lo negaran. Pero el tiempo se le acabó a Chirac, y nada logró.

Con la llegada de Nicolas Sarkozy al poder, en mayo de 2007, las gestiones siguieron con igual intensidad. En un desayuno, el embajador de Colombia en París, Fernando Cepeda Ulloa, se confesó con sus pares estadounidenses sobre cómo el tema de Íngrid afectaba las relaciones con Francia. Las calificó de « pobres ». Se quejó de que en el Elíseo consideraran a Colombia una « banana republic », con su política orientada hacia Estados Unidos. Y expresó su molestia porque el rol que los franceses le daban a la familia de Íngrid socavaba al presidente Uribe. Para Cepeda, la principal motivación de Sarkozy en el tema de Betancourt era un asunto de ego: el presidente francés quería probar que él sí podía hacer lo que no pudo el exprimer ministro Dominique de Villepin, su viejo rival y amigo de Íngrid.

Sarkozy lanzó su primera gran exigencia a Colombia: la liberación unilateral del líder guerrillero preso Rodrigo Granda. La apuesta de Francia era tratar de volver a abrir un camino de intercambio que se le había cerrado a Chirac años atrás, cuando planteó que Estados Unidos liberara a Simón Trinidad a cambio de los secuestrados. Para Uribe, la solicitud francesa « era un precio muy barato para tener el respaldo de Sarkozy y a alguien más cabildeando a favor de Colombia en el G-8″, según contó Andrés Peñate, en ese momento director del DAS. Con esto, al menos se esperaban unas pruebas de vida, que Chávez debía llevar en su visita a Francia.

A su reunión con Sarkozy, en noviembre de 2007, Chávez llegó sin nada. París evaluó esto como una señal de que Íngrid estaba muerta. A los Estados Unidos les llamó la atención la moderación de Chávez, que no hizo apariciones ni declaraciones públicas. Un alto asesor francés les explicó luego que esta fue una de las condiciones de la visita. Los gringos, por su parte, también tenían en la misma época una estrategia para lograr pruebas de supervivencia de los contratistas. Un funcionario de la firma de inteligencia Control Risk, contratado por la compañía de venta de armas Northrop Grumman, contó en la Embajada que el periodista Jorge Enrique Botero les había dicho que ya tenía « luz verde » de los líderes de las Farc para filmar a los contratistas.

Que Chávez no hubiera armado una polvareda en público no significa que no lo hiciera en privado. Unos días después, Uribe le contó a una delegación de congresistas estadounidenses de visita en Colombia que el presidente de Venezuela le aseguró a su homólogo francés que tenía autorización colombiana para reunirse, sin condiciones, con Manuel Marulanda, máximo jefe de las Farc. Sarkozy consideró sumarse a ese eventual encuentro, pero, según Uribe, él jamás dio esa autorización. Para el presidente colombiano, este fue uno de los hechos que lo llevaron a pedirle a Chávez públicamente que pusiera fin a su papel de mediador en la liberación de los cautivos. Los franceses, en cambio, estaban impresionados con el venezolano. Dos altos asesores de ese país comentaron en la Embajada de Estados Unidos en París, sobre su « fascinante personalidad, lo fácil que se adaptaba a las audiencias y lo astuto que era políticamente ».

Los esfuerzos de los franceses para liberar a Íngrid se intensificaron cuando el mundo la vio, pálida y demacrada, en un video, y leyó su emotiva carta, que llegaron como prueba de supervivencia a finales de 2007. Esto tuvo un « profundo impacto » en Sarkozy, quien, según uno de sus asesores, planeaba hacer algo « espectacular » a través de los medios de comunicación. Además, buscó mantener un contacto discreto con Chávez, a pesar de la posición de Uribe, y programó hablar directamente con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, sobre el tema, según dijo en París a los gringos el asesor para las Américas de Sarkozy.

Luego, Francia puso en primer nivel a dos mediadores europeos: Noel Saez y Pierre Gontard. A comienzos de 2008, pese a la resistencia de Colombia, estos enviaron a Bogotá un avión con una misión médica, para atender a Íngrid en la selva. El avión estuvo estacionado en la capital por días, y nada pasó. Luis Carlos Restrepo manifestó a la Embajada su profunda desconfianza en estos mediadores. Dijo que, según datos hallados en el recientemente capturado computador de Raúl Reyes, Saez y Gontard les habían ofrecido a las Farc levantarles el calificativo de terroristas y permitirles abrir una oficina en París, a cambio de la liberación de Íngrid.

A mediados de abril de 2008, el general Freddy Padilla, comandante de las Fuerzas Armadas, le ratificó al embajador William Brownfield el esfuerzo conjunto de inteligencia y su disposición a « ayudar en una negociación o colaborar en el rescate de los tres contratistas ». Mes y medio después tuvo lugar la Operación Jaque, que liberó a Íngrid, a los contratistas y a un grupo de militares. En tres breves cables, el embajador Brownfield reportó el triunfo a numerosas sedes diplomáticas estadounidenses del mundo y resaltó el hecho, señalado por el entonces ministro Santos, de que el Ejército había infiltrado el frente que tenía a los secuestrados. A los pocos días, Sarkozy recibía a Íngrid en París. Así terminaron las frenéticas gestiones de Estados Unidos y en especial de Francia por la libertad de sus ciudadanos.

17 mars 2011
Ainsi donc, Sarkozy a profité le 10 mars de l’absence de son ministre des Affaires étrangères, Alain Juppé, alors à Bruxelles avant le sommet européen, pour commettre dans l’affaire Libyenne une monstruosité diplomatique et politique qui ridiculise la France et l’ex-Premier ministre.
Après 8 jours dans les Caraïbes, je découvre ce faux-pas inqualifiable du président français, occulté par la masse de nouvelles sur le drame japonais. Retour de Libye, le ludion des médias BHL (Bernard-Henri Lévy), philosophe de poche, a ramené dans ses valises une délégation libyenne du Conseil national de transition (CNT-opposition), et téléphoné à Sarkozy qui les a aussitôt reçus.

Sans consulter son ministre Juppé, ni l’UE alors que le conseil européen avait lieu le lendemain, le président se rend alors sur le perron de l’Elysée avec BHL et annonce tout de go:
- la reconnaissance du CNT comme SEUL interlocuteur officiel de la Libye.
- sa proposition de frappes militaires contre la Libye par des forces européennes, après accord de l’ONU, ou par la France seule, éventuellement, en cas de refus des autres pays.

Au Conseil européen du lendemain, Sarkozy a été renvoyé dans les cordes par les autres partenaires, sidérés par son mépris pour la coordination.

Alain Juppé aurait menacé de démissionner, avant de lui dire que « c’était la dernière fois » qu’il lui faisait un enfant dans le dos.

La gauche, en pleine décrépitude, n’a même pas eu le réflexe d’exiger un débat immédiat au Parlement sur cette initiative qui fait honte à notre pays aux yeux de l’étranger.

Quant au Quai d’Orsay, on imagine la réaction de ses diplomates, doublés par le trublion BHL au détriment de leurs fonctions. Qu’ils s’expriment ici, notre site les attend.

23 février 2011

Un groupe de diplomates français de générations différentes, certains actifs, d’autres à la retraite, et d’obédiences politiques variées, a décidé de livrer son analyse critique de la politique extérieure de la France sous Nicolas Sarkozy. En choisissant l’anonymat, ils ont imité le groupe Surcouf émanant des milieux militaires, dénonçant lui aussi certains choix du chef de l’Etat. Le pseudonyme collectif qu’ils ont choisi est « Marly » – du nom du café où ils se sont réunis la première fois. Ceci est leur premier texte public dans le journal Le Monde.

La manœuvre ne trompe plus personne : quand les événements sont contrariants pour les mises en scène présidentielles, les corps d’Etat sont alors désignés comme responsables.

Or, en matière diplomatique, que de contrariétés pour les autorités politiques ! A l’encontre des annonces claironnées depuis trois ans, l’Europe est impuissante, l’Afrique nous échappe, la Méditerranée nous boude, la Chine nous a domptés et Washington nous ignore ! Dans le même temps, nos avions Rafale et notre industrie nucléaire, loin des triomphes annoncés, restent sur l’étagère. Plus grave, la voix de la France a disparu dans le monde. Notre suivisme à l’égard des Etats-Unis déroute beaucoup de nos partenaires.

Pendant la guerre froide, nous étions dans le camp occidental, mais nous pesions sur la position des deux camps par une attitude originale. Aujourd’hui, ralliés aux Etats-Unis comme l’a manifesté notre retour dans l’OTAN, nous n’intéressons plus grand monde car nous avons perdu notre visibilité et notre capacité de manœuvre diplomatique. Cette perte d’influence n’est pas imputable aux diplomates mais aux options choisies par les politiques.

Il est clair que le président n’apprécie guère les administrations de l’Etat qu’il accable d’un mépris ostensible et qu’il cherche à rendre responsables des déboires de sa politique. C’est ainsi que les diplomates sont désignés comme responsables des déconvenues de notre politique extérieure. Ils récusent le procès qui leur est fait. La politique suivie à l’égard de la Tunisie ou de l’Egypte a été définie à la présidence de la République sans tenir compte des analyses de nos ambassades. C’est elle qui a choisi MM. Ben Ali et Moubarak comme « piliers sud »de la Méditerranée.

Un WikiLeaks à la française permettrait de vérifier que les diplomates français ont rédigé, comme leurs collègues américains, des textes aussi critiques que sans concessions. Or, à l’écoute des diplomates, bien des erreurs auraient pu être évitées, imputables à l’amateurisme, à l’impulsivité et aux préoccupations médiatiques à court terme.

Impulsivité ? L’Union pour la Méditerranée, lancée sans préparation malgré les mises en garde du Quai d’Orsay qui souhaitait modifier l’objectif et la méthode, est sinistrée.

Amateurisme ? En confiant au ministère de l’écologie la préparation de la conférence de Copenhague sur le changement climatique, nous avons abouti à l’impuissance de la France et de l’Europe et à un échec cuisant.

Préoccupations médiatiques ? La tension actuelle avec le Mexique résulte de l’exposition publique d’un dossier qui, par sa nature, devait être traité dans la discrétion.

Manque de cohérence ? Notre politique au Moyen-Orient est devenue illisible, s’enferre dans des impasses et renforce les cartes de la Syrie. Dans le même temps, nos priorités évidentes sont délaissées. Il en est ainsi de l’Afrique francophone, négligée politiquement et désormais sevrée de toute aide bilatérale.

Notre politique étrangère est placée sous le signe de l’improvisation et d’impulsions successives, qui s’expliquent souvent par des considérations de politique intérieure. Qu’on ne s’étonne pas de nos échecs. Nous sommes à l’heure où des préfets se piquent de diplomatie, où les « plumes » conçoivent de grands desseins, où les réseaux représentant des intérêts privés et les visiteurs du soir sont omniprésents et écoutés.

Il n’est que temps de réagir. Nous devons retrouver une politique étrangère fondée sur la cohérence, l’efficacité et la discrétion.

Les diplomates français n’ont qu’un souhait : être au service d’une politique réfléchie et stable. Au-delà des grandes enceintes du G8 et du G20 où se brouillent les messages, il y a lieu de préciser nos objectifs sur des questions essentielles telles que le contenu et les frontières de l’Europe de demain, la politique à l’égard d’un monde arabe en révolte, nos objectifs en Afghanistan, notre politique africaine, notre type de partenariat avec la Russie.

Les diplomates appellent de leurs vœux une telle réflexion de fond à laquelle ils sauront apporter en toute loyauté leur expertise. Ils souhaitent aussi que notre diplomatie puisse à nouveau s’appuyer sur certaines valeurs (solidarité, démocratie, respect des cultures) bien souvent délaissées au profit d’un coup par coup sans vision.

Enfin, pour reprendre l’avertissement d’Alain Juppé et d’Hubert Védrine publié le 7 juillet 2010 dans Le Monde « l’instrument [diplomatique] est sur le point d’être cassé ». Il est clair que sa sauvegarde est essentielle à l’efficacité de notre politique étrangère.

Lire la contre-enquête sur « la diplomatie française bousculée par la révolte arabe », dans l’édition Abonnés du site et dans Le Monde daté du 23 février 2011 et disponible dans les kiosques mardi 22 février à partir de 14 heures.

le groupe « Marly », un collectif qui réunit des diplomates français critiquesArticle paru dans l’édition du 23.02.11

04 février 2011

Cet appel n’a rien d’une plaisanterie. Pour en finir avec les dictatures de la corruption, les peuples n’ont plus qu’une seule voie, puisque l’opinion des électeurs ne sert à rien : manifester en masse, comme à Tunis et au Caire, pour exiger le départ des pourris au pouvoir.

Le scandale MAM (Michèle Alliot-Marie), cette ministre française des Affaires étrangères coupable de deux forfaitures – son appui au dictateur Ben Ali pour lui proposer un appui répressif de la France en pleines manifestations populaires tunisiennes, et la prise en charge de son voyage en famille à Tabarka par un allié de Ben Ali pendant ces mêmes soulèvements -, exige son limogeage immédiat.

Le président français ne l’a pas fait, elle-même refuse de démissionner. Dans ces conditions, il ne reste aux travailleurs qu’à se rassembler sur une place de Paris et à y rester pour demander son éjection du gouvernement.

Cette dame ne peut plus représenter les intérêts de notre pays devant les autres capitales.

Un tel exemple, s’il se concrétise, pourrait traduire la consécration de la démocratie directe face à des élus qui se croient – et sont jusqu’ici – intouchables pendant leurs mandats, et ramener ces mêmes élus à davantage de probité dans l’exercice de leurs fonctions.

Chiche !

3 février 2011

Mais qu’attend Sarkozy pour virer cette collabo de l’ancien dictateur tunisien puisqu’elle refuse de démissionner ? Tous les Français demandent sa tête, comme en témoignent les plus de mille commentaires d’internautes sur le site de Libération, mais cette femme continue de se payer la nôtre sans vergogne aucune.

En pleine révolution tunisienne, elle a proposé le 11 janvier à Ben Ali, avant sa fuite, le savoir-faire français à sa police pour «régler les situations sécuritaires».

Cette initiative intolérable aurait déjà dû provoquer son limogeage immédiat. Le scandale a atteint des sommets hier avec les révélations du Canard Enchaîné sur le voyage de la chef de la diplomatie française entre Noël et le Jour de l’An à bord d’un avion privé d’un ami du clan Ben Ali, Aziz Miled, pour relier Tunis à la ville de Tabarka, avec son conjoint Patrick Ollier, ministre chargé des Relations avec le Parlement, et des membres de leur famille.

Cette MAM a offert un spectacle de vaudeville hier soir sur les chaînes de TV en tentant de justifier l’injustifiable. Elle a osé affirmer avoir rencontré par hasard son ami Aziz Miled sur le terminal de Tunis, et là, celui-ci leur aurait proposé de but en blanc d’emprunter son jet. De l’avion-stop !

Or la révolte tunisienne avait commencé deux semaines auparavant, après l’immolation par le feu d’un jeune Tunisien, le 17 décembre à Sidi Bouzid, dans le centre du pays.

Je vous recommande de regarder les interviews de MAM sur France 2 et au Grand journal de Canal + hier soir.

C’est un grand moment d’imposture chez la ministre, et de lâcheté des journalistes incapables de la mettre sur le grill.

22 octobre 2010

par Jean-Pierre Tailleur, journaliste franco-argentin et auteur de l’essai ‘Bévues de presse’

(publié dans www.enquete-debat.fr )

Les médias ont engendré et occulté un malaise, une affaire Betancourt. Il est temps de débattre, en France, au sujet de ce cas d’école peu reluisant pour le métier d’informer et inquiétant pour la communication citoyenne.

Ingrid Betancourt est sortie une nouvelle fois de l’ombre cet automne 2010, deux ans après la fin de sa captivité hyper-médiatisée. La parution le 21 septembre, dans une dizaine de pays, de Même le silence a une fin, ses mémoires des années de détention par les FARC (Forces armées révolutionnaires de Colombie), a fait réémerger cet étrange objet médiatique «IB». Détaché du contexte socio-politique sud-américain qui en a fait sa légitimité, le phénomène a de nouveau frappé en France tout particulièrement. Pendant deux semaines, on a reproduit les mauvaises pratiques journalistiques répétées depuis une décennie, sans tirer les leçons des erreurs passées.

Le récit de Betancourt, long de près de 700 pages, très personnel et souvent poignant, a été amplement résumé dans la presse écrite ou dans des émissions de télévision et de radio de grande écoute, sans être contredit. L’ancienne otage des FARC y raconte son enlèvement le 23 février 2002, ses tentatives d’évasion et ses plus de six années et quatre mois de galère dans la jungle. La Franco-colombienne sera libérée avec 14 autres prisonniers début juillet 2008, au cours d’une opération militaire ayant tous les ingrédients d’un film d’action. Cet épilogue mettra également fin aux gesticulations maladroites du gouvernement français, dont l’égoïsme et l’arrogance à l’égard de la Colombie ont généralement été occultés par les rédactions françaises.

Des dizaines d’otages «politiques» – sans compter les «économiques» pour les rançons – vivent encore le calvaire de Betancourt dans l’indifférence des mêmes journalistes. On nous avait pourtant dit que la médiatisation du cas IB contribuait à ne pas oublier les autres victimes. Le livre est d’ailleurs sorti au moment même où l’État colombien remportait un nouveau succès contre les FARC, sans que la presse française ne mette l’histoire personnelle de Betancourt dans ce contexte. La mort de Víctor Julio Suárez, alias Jorge Briceño ou le «Mono Jojoy», abattu pendant une opération militaire lancée ce même 21 septembre 2010, a été peu traitée en effet. Cette étanchéité, entre d’une part le décès (dans des circonstances qui méritent d’être éclaircies) de l’un des principaux ravisseurs de Betancourt, et d’autre part la parution concomitante de son nouveau livre, est révélatrice. Elle illustre des pratiques qui nuisent à l’information du public tout en prétendant le contraire.

Même les journaux les plus sérieux semblent parfois fonctionner comme les programmes de télé réalité. A l’égard de la Colombie comme avec d’autres pays «exotiques», ils n’ont alors d’yeux et d’oreilles que pour les douleurs ou les exploits d’individus qui ont fait l’objet d’un casting préalable et contestable. La couverture asymétrique des actualités labellisées IB et du conflit encore en cours au nord des Andes aurait dû créer des controverses au moins aussi retentissantes que celles suscitées par ces émissions, si critiquées au moins, elles.

On l’a vu aussi avec les 33 mineurs chiliens, dont le sauvetage n’a pas permis de mieux connaitre leur pays, en dépit d’une illusion entretenue par sa sur-médiatisation. Ou encore avec Diego Maradona depuis trois décennies, par rapport à l’Argentine. Cet intérêt pour l’Amérique latine depuis une perspective avant tout «people», ne rend-il pas «peu disponibles» les cerveaux pour les questions de plus grand importance (pour reprendre une expression popularisée par un ancien patron de TF1)? Le divertissement par l’information, auquel a souvent donné lieu le phénomène IB, nuit plus par son impact sur les citoyens instruits et responsables, que les jeux ouvertement destinés à un public futile.

Un traitement médiatique spécial

Betancourt commence à être sur-médiatisée en 2001, peu avant son rapt par les FARC, quand sort son premier livre La rage au cœur. Il s’agit un coup marketing très réussi de l’éditeur parisien Bernard Fixot, truffé de postures et d’accusations mal étayées sur la situation politique en Colombie. L’hystérie IB, dont les prémices se situent à ce moment, s’explique davantage par cette campagne éditoriale que par les attaches de l’auteur avec la France. Pour preuve, le sort de Français victimes comme Betancourt, de groupes terroristes de la région, a été complètement ignoré. Notamment ceux d’Aïda Duvaltier, enlevée un an avant elle et morte en captivité, et de Marc Beltra, étudiant disparu dans le sud de la Colombie en 2003. Ou encore celui de Christophe Beck, décédé récemment dans une indifférence générale lui aussi. Etabli au Venezuela et séquestré durant plus d’un an en 2005-06 par l’ELN (Armée de libération nationale), ce dernier a même raconté ses malheurs dans un livre intitulé L’otage oublié, paru en février 2009.

Depuis que les radios rapportent les affaires à tiroir de la milliardaire Liliane Bettencourt, les auditeurs doivent parfois attendre quelques secondes avant d’éviter la confusion. Mais au-delà de l’homophonie, il y a aussi des similarités entre les sommes hors normes dont jouit l’héritière de L’Oréal, et l’espace immense réservé à Betancourt dans la sphère médiatique. L’ancienne otage reste présentée comme une égérie en France – des lieux publics portent toujours son nom – malgré une image ternie par certains de ses anciens codétenus, et les remarques majoritairement acerbes du public dans les forums. Sa récente demande d’indemnisation, démesurée, à l’Etat qui l’a libérée de la bande criminelle alors que son enlèvement se devait surtout à son imprudence, a également été mise à son passif.

Ces bémols ont été rappelés, sans insistance, lors des entretiens publiés ou diffusés durant la promotion de Même le silence a une fin. Mais ils ont surtout eu pour effet d’alimenter la scénarisation de l’image de l’ex-députée et sénatrice, comme les disputes entre participants dans les émissions de télé réalité. Ces réserves ont permis de mettre du sel dans les interviews, en effet, sans que le traitement médiatique IB ne soit remis en question.

Une histoire qui a démarré il y a bientôt dix ans

Alvaro Uribe

Au début du millénaire, les journaux français font d’abord de la future otage un acteur politique majeur de la Colombie, une héroïne voire même une présidentiable plausible. Or, candidate aux élections de 2002, elle est créditée d’un nombre négligeable d’intentions de votes au moment de sa séquestration, à moins de trois mois du scrutin. Ensuite, durant sa captivité, les familles Betancourt et Delloye (du nom de l’ex-mari de l’otage et de ses enfants) désinforment sur la réalité colombienne. Elles ont constamment un accès privilégié aux médias, et les instrumentalisent afin de diaboliser Alvaro Uribe. Le tort du président, démocratiquement élu peu après l’enlèvement, est de se montrer ferme avec les guérilleros. Il a certainement ses parts d’ombre avec les paramilitaires et d’autres alliés infréquentables, mais les rédactions ne font généralement pas le travail de préciser ce qui est vrai et ce qui est faux dans ces accusations.

La plupart des intellectuels, des journalistes et des artistes – le chanteur Renaud notamment – qui apportent un soutien aveugle et exclusif à la défense légitime de la captive, se comportent de façon irresponsable. Ce lobbying jouant sur l’émotion, comme en télé réalité mais avec des conséquences plus inquiétantes, n’hésite pas à rendre Uribe encore plus coupable que les FARC. Les Betancourt-Delloye sont les «idiots utiles» d’un mouvement classifié comme terroriste par l’Union européenne, tandis que les médias français deviennent les leurs. Le manque relatif de reportages approfondis ou de commentaires correctifs sur le conflit colombien n’a jusqu’à présent pas fait l’objet de questionnements sérieux, y compris dans les essais prétendant dénoncer le maljournalisme à la française.

Pendant des années, les émissions, les articles, les points de vue sur la Colombie apportent rarement les nuances nécessaires aux attaques contre Uribe (dont le père a été assassiné par les FARC en 1983). On s’interdit d’expliquer les contraintes de la multiplication des enlèvements et de la lutte anti-terroriste. Les journalistes et chroniqueurs en tous genres, notamment dans les émissions d’info-divertissement, acceptent d’être eux aussi des otages en quelque sorte. Ceux d’une source principale, une famille avant tout soucieuse de libérer «sa» prisonnière des FARC, qui va parfois romantiser ce groupe de délinquants.

Certains reporters et commentateurs produisent un travail équilibré de mise en contexte, mais ils sont réduits au silence, parfois de force. J’ai notamment le souvenir d’une émission d’actualité politique pourtant intitulée «Revu et corrigé», durant laquelle Paul Amar interroge deux journalistes de retour de Colombie, auteurs d’un reportage sur les FARC diffusé par le magazine VSD. Le présentateur ne veut pas les entendre expliquer pourquoi selon eux, IB tient alors plus du «microcosme parisien» que d’un enjeu majeur dans un pays gangrené par des vastes zones de non-droit (France 5, le 12 avril 2008). Révéler une information qui sort des clous fixés par le consensus ambiant est une mission quasi-impossible. A comparer avec la facilité avec laquelle, en sens inverse, on s’indignera des médias chinois qui n’informent pas sur l’attribution du prix Nobel de la paix…

Les personnes pouvant enrichir l’information avec un éclairage différent, quitte à le contester, ne manquent pourtant pas, même en France. Il s’agit notamment d’Eduardo Mackenzie, journaliste colombien basé à Paris, et de Jacques Thomet, ancien chef du bureau de l’Agence France Presse à Bogota. Pendant la captivité de Betancourt, le premier écrit un somme historique remarquable, Les FARC ou l’échec d’un communisme de combat, tandis que le second publie une enquête très bien documentée sur les scandales liés au phénomène IB, Ingrid Betancourt: histoire de cœur ou raison d’Etat? Les médias n’interrogent que très rarement des connaisseurs du dossier comme eux, permettant de compléter les points de vue des Betancourt-Delloye et de rappeler à l’ordre la diplomatie française. Ils pratiquent la censure, préférant solliciter les avis convenus des comités de soutien, dont les porte-paroles sont catapultés experts de la Colombie. Leurs propos, souvent angéliques pour ne pas dire niais, sont eux aussi généralement pris pour argent comptant.

Des sources et des scandales occultés

Dés le début de la détention, les rédactions fautent par passivité et par excès d’émotion. Comme l’expliquera Mackenzie dans son essai El enigma IB (publié en décembre 2008 dans son pays), «les livres, éditoriaux, reportages et commentaires lucides et courageux» font «exception» chez les «journalistes et intellectuels français». Par exemple, les rédactions ne réagissent pratiquement pas à la couteuse tentative de sauvetage, façon «pieds nickelés», lancée par Dominique de Villepin en juillet 2003 dans la forêt amazonienne.

A cette époque, le futur chef du gouvernement, alors ministre des Affaires étrangères, est pourtant au centre d’un conflit d’intérêt et d’un couac diplomatique méritant la une de tous les journaux. Proche de Betancourt, il vient de provoquer une crise avec le Brésil et la Colombie, leurs présidents n’ayant pas été informés de l’envoi sur leurs sols d’une équipe d’agents français transportés par avion militaire. Thomet revient en détail sur ce scandale dans son livre, paru en janvier 2006, mais les médias – même ceux qui ne s’intéressent qu’à la politique politicienne – négligent aujourd’hui encore ce gros caillou dans les chaussures du présidentiable Villepin. De même, ils restent apathiques devant le fait que la sœur de l’otage partage sa vie avec le directeur des Amériques au Quai d’Orsay, ancien ambassadeur en Colombie. D’ordinaire, des conflits d’intérêt bien moins problématiques arrivent à semer le trouble…

Les pressions de Paris pour libérer Betancourt redoublent avec l’élection de Nicolas Sarkozy, début mai 2007. Dés l’annonce de sa victoire, le nouveau président fait de IB une cause nationale et reçoit la famille de la captive (en s’engageant aussi pour les infirmières bulgares détenues en Lybie). Les commentateurs ne s’interrogent pas sur cette priorité accordée aux malheurs d’une otage qui représente si peu en Colombie et presque rien en France, si ce n’est dans la sphère médiatique. Les gardiens de la morale républicaine préfèrent concentrer leur indignation sur la fête organisée au restaurant Le Fouquet’s sur les Champs Elysées, le soir de l’élection. La focalisation sur IB de la nouvelle présidence a pourtant une dimension «people» elle aussi, qui mérite d’être soulevée par la presse sans minimiser les malheurs de l’otage.

Hugo Chavez

Sarkozy aurait pu suivre les recommandations d’un papier rare, publié un mois plus tard dans Le Monde. «La Colombie est une démocratie libérale, sans comparaison avec, par exemple, ce que semble vouloir instaurer Hugo Chavez dans le Venezuela voisin», explique Stephen Launay, chercheur associé à l’Institut des hautes études d’Amérique latine (édition datée du 7 juin 2007). «La France semble vouloir dépasser les cafouillages antérieurs (la tentative ubuesque de sauvetage d’Ingrid Betancourt sans consultation des autorités colombiennes en juillet 2003). Elle continue toutefois de résumer la Colombie à la terrible affaire Betancourt qui devrait être remise dans son contexte (près de 700 personnes enlevées en 2006)».

Les faux (premiers) pas de Sarkozy

Cet avertissement passe inaperçu, et sur la place publique, on se garde bien de critiquer l’axe Elysée-IB en train de se substituer à la politique latino-américaine de la France. Même chez les plus acerbes détracteurs du sarkozisme, on a jusqu’à présent rarement relevé une telle incongruité. Les faux-pas se sont accumulé pourtant, dans l’indifférence de rédactions plus promptes a blâmer le moindre «casse toi pauv’con» prononcé par le chef de l’Etat (en réaction à une agression verbale).

Durant la première année de sa présidence, Sarkozy et son ministre Bernard Kouchner poussent Bogota à faire les concessions les plus insensées en vue d’un «échange humanitaire», sans que les médias parisiens ne bronchent vraiment. Le 20 novembre 2007, le président Chavez, auto-propulsé médiateur à succès des FARC, est même reçu à l’Elysée. Alexandre Adler, sur France Culture, est une des rares voix qui invitent le gouvernement français à ne pas déstabiliser Uribe en faisant le jeu de son voisin vénézuélien, accusé de soutenir les guérilleros. Mais ce type de critique, provenant d’un ennemi déclaré du «chavisme» et de ses appuis chez les alter-mondialistes français, est prévisible. A l’instar des billets d’Ivan Rioufol dans Le Figaro ou d’une tribune d’intellectuels pour la plupart étrangers et «connotés» eux aussi, publiée par Libération.

Ces points de vue perçus comme partisans ont moins de chances de sensibiliser l’opinion, et de pousser les décideurs politiques vers plus de réalisme. Il en est de même avec le commentaire isolé d’un journaliste mexicain, interviewé par la chaine d’information continue France 24, s’étonnant que Sarkozy et Chavez se rencontrent pour une affaire mineure malgré leurs profonds désaccords sur l’Iran. Cela mérite au moins un mini-débat.

Les pays européens rechignent à recevoir le controversé président vénézuélien, à quelques exceptions près comme le régime biélorusse. Sarkozy le fait pour des raisons douteuses au niveau humanitaire et ridicules sur un plan géostratégique. Chavez arrive d’ailleurs les mains vides à l’Elysée, n’apportant rien de consistant sur Betancourt, suite à quoi Uribe lui retire son mandat de médiateur avec les FARC. Mais conditionné par l’activisme des Betancourt-Delloye et protégé par l’apathie des médias, Sarkozy demande au président colombien de revenir sur sa décision sans craindre d’être critiqué. On imagine ce qu’on dirait, en France, si un Silvio Berlusconi se mêlait ainsi du règlement de la question corse…

Des couacs et mensonges par omission à répétition

Durant des années, les médias français ont globalement minimisé la culpabilité des FARC, ignoré l’irresponsabilité de Paris dans ses contacts avec Bogota, et gardé le silence lorsque les faits ne correspondaient pas au tableau imposé au public. Les exemples se sont accumulés dans la foulée des pieds nickelés de Villepin, envoyés en mission pour une urgence plus privée qu’humanitaire. Pas d’indignation lorsque plus tard, le Premier ministre François Fillon se dira prêt à recevoir en France des «prisonniers politiques» colombiens si les FARC libèrent Betancourt. Ou quand un proche de la captive assimilera les objectifs des guérilleros sud-américains avec la cause palestinienne.

La liste est longue. Pas d’objections non plus après les appels de Kouchner à reprendre des négociations vouées à l’échec. Ou lorsque durant des mois, un immense poster placardé devant l’Hôtel de ville de Paris prête à confusion, insinuant que Betancourt est une détenue politique de la Colombie. Silence quand sur une grande radio, le ministre des Affaires étrangères qualifie de «mauvaise nouvelle» la mort d’un chef des FARC. Mutisme quand le président brésilien Lula, lors d’une rencontre au sommet en Guyane avec Sarkozy, lui demande d’arrêter d’interférer dans les affaires d’Uribe. Discrétion sur les manifestations contre les FARC organisées dans de nombreux pays, ou sur l’assassinat par ces derniers de 11 députés otages. Apathie médiatique quand il est clair que la libération d’un cadre du mouvement terroriste, demandée par Paris, n’a servi à rien. Etc. Dans son ensemble, la presse française fait passer la compassion avant l’information, abandonnant sa mission de contre-pouvoir et se contentant de reproduire la version officielle en dissimulant tout élément qui peut la contredire, ou simplement la nuancer.

Suite à ces bévues, répétées de façon passive ou active, les rédactions se montreront également incapables d’un minimum d’autocritique (laquelle aurait également permis de saluer les rares reportages ou commentaires pertinents et honnêtes). Certes, après l’annonce de la libération de Betancourt, le 2 juillet 2008, une partie de la presse blâmera enfin le gouvernement pour la gestion de «son» problème colombien. Les faits ayant donné raison à la fermeté d’Uribe, L’Express soulignera un «échec de la diplomatie» française (dans son numéro daté du 10 juillet). Mais cette critique reste sur le terrain politique, et l’hystérie médiatique se poursuit, atteignant des sommets au moment de ce dénouement.

La corporation des journalistes n’est toujours pas revenue sur ses fautes autour du cas IB. Il suffisait pourtant de lire les réactions de lecteurs dans les sites des journaux ou des émissions, en contradiction avec ce qui avait été dit ou raconté dans leurs espaces d’information, pour prendre la mesure des reproches qui pouvaient leur être fait.

La défaite des critiques du journalisme français

Ce maljournalisme moutonnier, et sourd aux réprobations de son public, méritait d’être débattu sans attendre la fin, heureuse ou pas, de la séquestration. Il est devenu un cas d’école sur le manque de professionnalisme et l’excès d’émotion dans le traitement de l’actualité. Mais ses effets, particulièrement néfastes sur les décideurs politiques trop sensibles à l’exposition médiatique, ne sont même pas discutés dans les instituts de journalisme. L’émission Arrêt sur images l’a pourtant traité le 10 juin 2007, peu avant de disparaitre des programmes de France 5 et d’adopter un profil bas sur Internet. L’équipe de ce rendez-vous hebdomadaire, animé par Daniel Schneidermann et consacré à la critique du journalisme, a évoqué l’absence de remises en cause des propos des Betancourt-Delloye, et même un «syndrome de Stockholm» vis-à-vis des FARC. Mais ces remarques, au demeurant tardives, seront une exception qui confirme la règle.

Ingrid Bétancourt

Même Schneidermann semble les avoir oubliées dans sa chronique de Libération du 7 juillet 2008. Il y concentre ses attaques sur la religiosité affichée de Betancourt quand elle réapparait vivante, et sur la récupération par Sarkozy – avec la complicité de ses alliés dans les médias – d’un événement qui lui a totalement échappé au bout du compte. Au Monde, le visage de Betancourt continue de figurer dans la première page du site internet pendant plus de six mois, sans que les journalistes du quotidien ne semblent s’en étonner.
Plus grave, aucune critique du journalisme français parue ces dernières années ne s’intéresse à ces bévues. Même les plus promptes à stigmatiser la promiscuité de Sarkozy avec les médias, ignorent l’omerta sur une diplomatie consternante, centrée sur le sort d’un otage au détriment d’un subcontinent de plusieurs centaines de millions d’habitants. Frappés du même aveuglement que le gouvernement et la presse, les essayistes ne tentent pas de tirer les leçons de ce fiasco informatif. Leurs livres ressassent les mêmes histoires, du reproche fait aux éditorialistes «oui-istes» lors du referendum de 2005 pour le Traité européen, à «l’affaire du RER D» (du nom du train où une fausse attaque antisémite fut médiatisée en 2004). Comme «Timisora» pendant deux décennies (se référant aux mensonges sur le nombre de morts durant la révolution roumaine de 1989), ces critiques s’appuient essentiellement sur des exemples déjà connus, politiquement corrects, et plus anodins pour les rédactions que le malaise traduit par «IB».
J’ai noté une exception avec un livre au titre évocateur, Les journalistes français sont-ils si mauvais? Dans ce pamphlet confus et peu rigoureux, paru en mars 2009 et parrainé par la crème de la profession, son auteur François Dufour – un des principaux rédacteurs du «Livre vert» sur les problèmes de la presse écrite publié peu avant – aborde IB sur une question dérisoire. Il critique le choix éditorial de France 2 qui, dans un journal télévisé, a mis en avant les attaques de Ségolène Royale contre la récupération par Sarkozy de la libération de Betancourt. La sortie de l’ancienne candidate socialiste contre le président était justifiée pourtant, et en parler ne constituait pas en soi un exemple de partialité. Cela permettait à France 2 de corriger l’unanimisme officiel, bien qu’il eût été préférable que la chaîne fasse une longue enquête sur des mois de désinformation… L’autisme et les fautes récurrentes des médias n’ont pas non plus semblé troubler Dufour et ses pairs.

Une promotion éditoriale à sens unique

La publication de Même le silence a une fin, édité par Gallimard, offre une occasion de réfléchir enfin sur ces travers dus à un manque de curiosité et de reportage. Mais les médias se gardent bien, cela reste une constance, de faire la moindre introspection sur cette affaire. Ils se focalisent sur les conditions de détention, sur les souffrances physiques et morales endurées. Le cas de l’ex-otage franco-colombien est singularisé, mimant l’approche très personnelle adoptée dans son récit, sans que les intervieweurs ne montrent d’intérêt pour ce qui se passe actuellement en Colombie. La menace terroriste encore présente, les débuts du nouveau président Juan Manuel Santos (ancien ministre de la défense qui a piloté la libération de Betancourt), sortent des radars de la plupart de ceux qui présentent au public français un long récit sur la vie sous l’emprise des FARC.

Jean-Pierre Elkabbach fait un peu exception durant son émission matinale d’Europe 1, en faisant référence à la mort du Mono Jojoy au début de sa conversation avec l’auteur (4 octobre). Et au moment où le député socialiste Arnaud Montebourg traite TF1 de télévision crétine et délinquante, la note la plus juste que je peux lire ou entendre vient de Vincent Hervouet, interrogé par Thierry Ardisson sur Canal Plus (2 octobre). Le responsable des informations internationales de la première chaine et de sa petite sœur LCI rappelle que «les Colombiens avaient raison» face à une France maladroite dans ses négociations avec les FARC.

A de rares exceptions près, du «Grand journal» de Canal Plus au «20 Heures» de TF1, de France Culture au Monde et au Nouvel observateur, on suit à la lettre un argumentaire redondant, rêvé pour Gallimard. On ne revient pas sur les mensonges des Betancourt-Delloye et sur les bévues de la presse ou du gouvernement français. On ne relance pas l’ancienne captive lorsqu’elle donne des explications peu convaincantes sur sa demande d’indemnité. Franz-Olivier Giesbert parle d’un «très grand livre» qui «sera un classique, c’est clair!», lorsqu’il l’accueille dans son magazine politico-culturel de France 2 (1 Octobre 2010). Cette «antidote à l’ingridophobie ambiante», comme cela est dit aussi au cours de l’émission, fait déjà partie de la littérature concentrationnaire à entendre les critiques. Primo Levi ou Alexandre Soljenitsyne ont toutefois produit des témoignages autrement plus riches, car moins individualistes, sur la genèse des crimes décrits.

Robert Ménard, ancien président de Reporters sans frontières (RSF) aujourd’hui chroniqueur multicartes, tient un discours qui en dit beaucoup sur le malaise IB, mais de façon voilée. Dans un de ses billets hebdomadaires de RTL, il présente l’ex-otage comme une «grande bourgeoise qui se passionnait avant tout pour les intrigues de la politique française», en qui les électeurs pouvaient mal se retrouver (25 septembre). «On ne voulait pas entendre les Colombiens qui nous rappelaient qu’il y avait des dizaines, des centaines, des milliers d’otages comme elle, dont on parlait si peu», ajoute Ménard. «Nous avons construit une Ingrid Betancourt qui correspondait surtout à l’image que nous nous faisons de la victime, une sorte de sainte laïque très loin de la réalité».

Des outrances exprimant un malaise

Maintenant comme avant juillet 2008, pourquoi la presse ne l’a-t-elle pas souligné, à commencer par la revue spécialisée Médias, que dirige Ménard? Le fondateur de RSF évoque aussi les «malentendus d’aujourd’hui» autour d’une ex-otage «enfermée dans sa foi, tournée vers les puissants de ce monde, d’une sincérité parfois très calculée». Il serait plus juste de parler de malaise, voire même d’affaire médiatique IB, ces dénonciations vagues, tardives et anti-catholiques proférées sur RTL en étant une illustration.

De son côté, Laurent Ruquier ironise sur une «Madame Ingrid Betancourt» dont on dit qu’elle vit «quasiment sous le seuil de pauvreté», pendant son émission de grande écoute diffusée le samedi soir («On n’est pas couché», France 2, le 25 septembre). «Elle n’a pas dû beaucoup dépenser pendant six ans, faut pas déconner non plus!», commente l’humoriste sous les applaudissements et les rires. «On se demande si ce n’est pas ses preneurs d’otages, qui ne devraient pas être indemnisés pour l’avoir gardée pendant six ans.»

Entre la complaisance aveugle d’un maljournalisme de télé réalité, les moqueries outrancières des chansonniers et les insultes diffusées dans les forums d’internet, il manque un chainon. Celui d’une information responsable, qui approche la réalité sans s’interdire les angles qui dérangent. Ce renoncement et ce brouillage des médias français, remarquablement illustré par le cas IB, est fréquent face à des questions socio-économiques autrement plus fondamentales, de la reforme des retraites à la délinquance des jeunes… et aux défaillances de la presse.

Jean-Pierre Tailleur

26 septembre 2010 

Dans ce blog devenu un hymne à la gloire des bons vins dans le monde, je n’imaginais pas à quel point on pouvait être contraint de boire le calice jusqu’à la lie, jusqu’à en vomir, quand il s’agit de la maléfique Ingrid Betancur (nom francisé en Betancourt comme l’indique après moi, avec à-propos, le réputé site wikipedia). 

Demain soir, une chaîne d’Etat française va diffuser le reportage d’un réalisateur anglais sur l’ex-otage, suivi d’un débat avec des auteurs. Mais je n’y ai pas été invité, malgré ma relance auprès de l’animatrice du dossier.

Cette émission intervient au moment où la sortie du livre d'Ingrid connaît un échec fracassant en France, comme en témoigne son mauvais classement dans les ventes.

Les médias publics français, aux ordres du régime de Nicolas Sarkozy, se refusent à donner la parole à ceux qui ont été, comme moi, sur le terrain en Colombie, avec leurs expériences et documents, pour démontrer l’imposture du scandale Betancur. 

J’avais déjà été censuré en 2006 par TF1 pour la présentation de mon premier livre sur Ingrid, comme mes lecteurs le savent, après une intervention des services du Premier ministre de l’époque Dominique de Villepin, ex-ami intime de son élève à Sciences-Politiques Ingrid. 

La censure continue donc de frapper dans le soi-disant pays des droits de l’Homme – qui ne l’est plus que dans les images d’ Epinal – avec ce refus de m’inviter à cette émission. 

J’aurais pu y démonter, preuve écrite à l’appui, que l’ex-otage Betancur avait refusé d’obéir aux autorités de l’armée, de la police et des services secrets quand elle avait décidé le 23 février 2002 de gagner par la route la région aux mains des FARC. Elle s’était jetée dans la gueule du loup pour tenter de faire remonter dans les sondages (0,4% d’intention de vote à l’époque) sa candidature à la présidence de Colombie en mai 2002, avec une  séquestration par les terroristes qu’elle n’imaginait pas dépasser un mois, comme elle l’avait révélé après sa libération. Maintenant, devant les médias depuis New York (elle n 'a pas daigné se rendre à Paris pour s'xpliquer), elle assure que les autorités colombienns auraient dû « l'empêcher de continuer sa route ». On croit rêver…

Voici la copie de mon courrier à cette TV publique de l’Etat français, pour laquelle je dois payer une taxe de 120 euros/an : 

Pour Béatrice Schönberg 

23/09/2010 

Bonjour chère consoeur, 

 

Ancien rédacteur en chef à l'AFP, directeur de l'Agence à Bogota avant et pendant les premières années de captivité d'Ingrid Betancourt, et auteur de deux livres sur cette question, le dernier chez Fayard (Les secrets de l'opération Ingrid Betancourt-2009), je me permets de vous donner mes coordonnées pour m'inviter, si vous le souhaitez, à participer au débat que vous allez organiser lundi sur FR3 après le film sur Ingrid:  xxxxxxxxxx 

Je suis sûr que vous aurez apprécié ma démarche. Elle m'est dictée par le respect du service public, synonyme d'une information équilibrée et non pas partisane sur des thèmes aussi politiques que celui-ci. 

Confraternellement/ Jacques Thomet 

25 septembre 2010 

Cette révélation, œuvre de mes lecteurs, relève du scandale d’Etat. Comment le pouvoir français, intransigeant avec les Roms qu’il expulse vers la Roumanie et la Bulgarie alors qu’ils sont des Européens, peut-il tolérer la présence sur notre territoire, en Bretagne, de la Radio Café Stéréo, antenne de la guérilla terroriste des FARC en Colombie ? 

Ses animateurs, tous des « exilés » politiques colombiens (dixit le quotidien communiste français L’Humanité), sont rattachés à leur siège situé à Stockholm, Suède, pays membre de l’Union Européenne. J'ai déjà dénoncé depuis longtemps cette tolérance coupable des Suédois face à cette radio, installée dans les locaux de l'agence terroriste ANNCOL dans la capitale nordique.

Cette Radio, présente depuis quatre ans en Bretagne, a même disposé d’un stand officiel à la récente fête de l’Humanité pour y faire sa propagande, sans susciter la moindre réaction, ni du pouvoir sarkozyste, ni des médias. 

L’ambassade colombienne à Paris, toujours aussi muette, n’a pas émis la moindre protestation jusqu’ici contre ce scandale politique. C’est comme si Paris acceptait d’héberger une radio  des talibans afghans.

Qu'en disent nos élus, de gauche ou de droite ?

A suivre… 

24 septembre 2010 

Dans l’euphorie en cours en Colombie après la liquidation du boucher des FARC « Mono Jojoy », leur chef militaire, la principale information a été relégué aux oubliettes : la guérilla vient de demander une négociation de paix au pouvoir, mais, pour la première fois, « sans aucun préalable » !

Cette immense concession des terroristes signifie qu’ils n’exigent plus l’octroi initial d’une zone démilitarisée avant tout dialogue éventuel, ce qu’ils avaient toujours demandé jusqu’ici, et obtenu entre novembre 1998 et février 2002 sous la présidence d'Andrés Pastrana, avec un territoire grand comme la Suisse (42.000 km2) sous leur contrôle exclusif, sans police ni justice. 

Si le président Juan Manuel Santos saisit la balle au bond, il leur répond : « ok », et demande à l’ONU ses bons offices pour accompagner Alfonso Cano, le chef des FARC, dans une ambassade à Bogota, comme celle de la France, afin d’engager un dialogue. 

Jusqu’ici, le pouvoir colombien a donné, comme préalable à tout contact direct avec les rebelles, la libération unilatérale des 21 officiers colombiens otages des FARC, certains depuis 12 ans (douze ans !). 

Avec l’élimination du monstre « Mono Jojoy », le président colombien dispose d’une nouvelle carte sans aucun atout de la guérilla pour couper sa donne. 

Les FARC ont perdu le Nord. C’est à Bogota d’orienter leur boussole vers un cessez-le-feu suivi d’une reddition dans le cadre de la loi Justice et paix en vigueur sous Alvaro Uribe, synonyme d’une réconciliation nationale avec au pire des peines de prison limitées à moins de 8 ans, ou au mieux une éventuelle amnistie générale à l’image de celle accordée en 1991 aux terroristes du M-19. 

08 septembre 2010 Le « Mur de Berlin » de la justice colombienne, aux mains des guérillas terroristes et des narcos, est-il en train de tomber comme l’annonce un journaliste indépendant, Ricardo Puentes, dans un article traduit par notre ami Yves ? 

Après le limogeage hier de la juge Angela Maria Buitrago par le procureur général, on peut y croire. Cette magistrate indigne est responsable de l’accusation, avec de faux témoignages y compris de terroristes, suivie de la condamnation à 30 ans de prison prononcée par sa collègue Maria Estela Jara, contre le colonel Alfonso Plazas Vega. Ce héros colombien avait repris le Palais de Justice de Bogota pris d’assaut par les terroristes du M-19 en novembre 1985, avec un bilan de près de cent juges tués par les rebelles et l’incendie par eux du Palais pour détruire les dossiers des trafiquants de cocaïne contre six millions de dollars payés par la mafia au M-19. Le colonel a été accusé par de faux témoins dans la disparition jamais éclaircie de onze employés de la cafétéria du Palais de Justice.


Carlos Garcia Orjuela, comme Ingrid Betancourt, était sénateur colombien. Comme elle, il a fait des études en France, où il s'est spécialisé en neurochirurgie. Il y a aussi rencontré son épouse et acquis la nationalité française par mariage, comme l'ex-candidate à la présidentielle de 2002.
Le 25 juillet 2008, moins d'un mois après la libération d'Ingrid Betancourt, il a été arrêté par la police, alors qu'il se trouvait en vacances à Santa Marta (nord).
A l'époque, il était président du Congrès colombien et dirigeant du parti de la U, qui a porté Alvaro Uribe au pouvoir en 2002.
La Cour suprême l'avait placé en détention provisoire, l'accusant, au même titre qu'une soixantaine d'élus de la majorité, de liens avec les milices paramilitaires, le scandale dit de la “parapolitique”, alors que les complices des FARC terroristes, dont la sénatrice Piedad Cordoba, n'ont jamais été poursuivis malgré les preuves, cette fois avérées, qui les dénoncent. 
Le procureur délégué auprès de la Cour Suprême de justice, Jésus Villavona, vient de  déclarer « innocent » Carlos Garcia Orjuela aujourd'hui. Il a demandé sa libération, pour absence de preuves, erreurs de dates et contradictions dans les témoignages d’ex-paramilitaires. 

L'épouse française de Carlos Garcia, Martine Jacquier, qu’il a rencontrée au début des années 1980 à Lyon et avec qui il a eu trois enfants, a toujours été persuadée de son innocence et n'a eu de cesse, depuis 2008, de frapper à toutes les portes pour faire libérer son mari injustement détenu.
Après une dizaine de rendez-vous avec l'ambassadeur de France Jean-Michel Marlaud, qui a rendu plusieurs fois visite au sénateur, elle a adressé une lettre au président Nicolas Sarkozy, où elle dénonce de multiples violations des droits de la défense.
Selon l'acte d'accusation, Carlos Garcia était poursuivi pour “association de malfaiteurs agravée” et risquait jusqu'à douze ans de prison, en vertu de trois témoignages de paramilitaires repentis affirmant qu'il aurait eu deux réunions avec des chefs paramilitaires.
Pour la cour alors aux mains des narcos et de la guérilla, ces témoignages avaient suffi à l'incriminer. “Ce n'est qu'un montage”, avait affirmé à l'AFP M. Orjuela depuis sa prison. Alain Marty, parlementaire français (UMP) chargé du groupe d'amitié France-Colombie, avait alors déclaré à l'AFP que la “présidence française” lui avait fait part de son “inquiétude quand au respect des droits de la défense de ce Franco-Colombien”.
“Je crains que, sur fonds de violation des droits de la défense, M. Orjuela ne soit victime de la guerre déclarée en Colombie entre exécutif et judiciaire”, estimait Me Philippe Valent, avocat français de l'élu, en évoquant le conflit entre la Cour suprême et l’ex-gouvernement d'Alvaro Uribe, qui accusait cette juridiction de faire le jeu de l'opposition en poursuivant ses alliés.

Après l'appel du procureur à libérer Carlos Garcia Orjuela, on attend de Bernard Kouchner, français ministre des Affaires étrangères, du Quai d'Orsay et de Nicolas Sarlozy qu'ils emploient le même acharnement que pour Ingrid Betancourt à exiger la libération immédiate de cet homme injustement détenu depuis deux ans.


 

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