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08 février 2012

Jamais un coup d’Etat, que je n’appuie pas évidemment, n’a été autant provoqué en Colombie par une justice corrompue pour humilier l’armée et exonérer les terroristes dans le procès du colonel Alfonso Plazas, un héros dans le combat contre le M-19 au palais de justice en 1985.

Le tribunal supérieur de Bogota vient non seulement de confirmer la condamnation du colonel à 30 ans de prison, mais aussi d’exiger que le ministre de la Défense et le chef d’Etat-major de l’armée viennent « demander pardon » sur la place Bolivar de Bogota pour de présumés délits alors commis.

Nul n’ignore ici le contexte du scandale. Cet officier avait repris en novembre 1985 le palais de justice de Bogota pris d’assaut avec 300 juges en otages, et incendié par la guérilla sanglante du M-19 pour y brûler les archives des trafiquants de cocaïne en passe d’être extradés aux USA, contre six millions de dollars payés par Pablo Escobar. 60 juges avaient été abattus par les terroristes, et 200 otages libérés par les troupes du colonel.

Gangrenée par la mafia et les terroristes, la justice avait rouvert en 2007 une enquête contre le colonel Plazas, alors qu’il avait été exonéré de toutes charges en 1986 par le tribunal ad hoc, pour de présumées disparitions de civils pendant les combats.

A partir de faux témoignages, ici relatés dans mes archives, une juge solitaire mais proche des FARC avait condamné le colonel en 2008 à 30 ans de prison, dans un mépris total de la loi qui interdit à une personne d’être jugée deux fois pour le même fait. Malgré les preuves apportées depuis cette date sur les faux témoignages présentés et l’inexistence des 11 disparus, deux juges de Bogota ont prononcé hier la confirmation des 30 ans de prison contre le colonel, avec cette hallucinante exigence des excuses publiques par l’armée au cœur de la capitale, comme si elle était responsable du carnage commis par le M-19.

Ce scandale secoue toute la Colombie, d’autant plus que les responsables du massacre de 1985 continuent non seulement d’être en liberté depuis leur amnistie en 1991, mais de se sentir en Colombie « como Pedro en su casa » (chez eux). Le nouveau maire de Bogota n’est autre que Gustavo Petro, signataire de l’appel du M-19 en 1985, avec pour adjoint Antonio Navarro Wolff, un autre tueur en liberté.

Cette horreur n’est pas près de s’achever sans aucune conséquence sur l’avenir du pays. Le procureur général de Colombie, Antonio Ordonez, écoeuré par cette décision inique, vient d’annoncer un pourvoi en cassation. On attend la réaction de l’avocate générale, Viviane Morales, dont le mari, Carlos Alonso Lucio, ancien compagnon d’Ingrid Betancourt, a fait partie du M-19, et marqué sa récente opposition à la condamnation du colonel Plazas.

L’armée, pour la première fois depuis le premier jugement, a manifesté son émotion hier avec les remerciements publics apportés par son chef d’Etat-Major, le général Navas, aux propos de l’ex-ministre de l’intérieur d’Alvaro Uribe, Fernando Londono, dans sa défense du colonel Plazas.

Si le président Juan Manuel Santos, connu pour son double jeu face au terrorisme de plus en plus actif en Colombie, n’intervient pas pour remettre les pendules à l’heure, on peut s’attendre à des remous aux conséquences incalculables pour lui et le pays, y compris à un éventuel putsch.

10 réponses à “Colombie : une justice pourrie jusqu’à l’os par la mafia et les terroristes met l’armée à genoux et la pousse au coup d’Etat”

  • Fabio:

    L’oligarchie colombienne de retour au pouvoir, sans commentaire. Le peuple trahi, les héros qui ont defendu la democracie humilliés, persecutés, et emprisonnés, et le pays dans le chaos. Bravo Kaka-marade Begueur!

    Alvaro Uribe avait ete lynché par la presse et « la communeauté internationale » parce qu’il avait osé dire l’evident: la justice colombienne est dans les mains des narcos et terroristes, et l’administration de justice c’est une colection de vendettas produit des manipulations politiques des ennemis du pays: les mafias du narco-trafic, guerrillas et paramilitaires.

    Ceux qui devraient demander pardon et aller en prison:

    Cesar Gayviria: pour avoir octroyé la justice aux terroristes de M-19 et les cartels de drogue dans un montage de « processus de paix » et « nouvelle constitution ».

    Ernesto Sains-Pair: le clown payé par les narcos, paras et terroristes pour plonger le pays dans le chaos et la violence generalisée.

    Andres Patraña: Celui qui a octroyé le territoire national aux guerrillas, paras, et narcos dans son reve d’enfant riche d’obtenir un Nobel de la Paix. Resultat: 40000 homicides et 5000 sequestres par annee.

    Kaka-Marade: Sans commentaires. Le cretin qui est fier de se declarer le meilleur ami du pire ennemi de la Colombie.

    Tandis que ces arnaqueurs restent sans rendre de comptes au peuple et a la vraie justice, le chaos continuera.

  • Fabio:

    Así se paga a un pacificador
    EL COLOMBIANO
    Editorial

    La institucionalidad colombiana ha optado por arrojar al excomisionado de Paz a la trituradora procesal penal. Tal vez otro país democrático le ofrezca una protección que su país le niega.

    Luis Carlos Restrepo, excomisionado nacional para la Paz, es requerido por la Fiscalía General de la Nación, con orden de captura por medio, para comparecer ante la Justicia y responder por la presunta comisión de los delitos de concierto para delinquir, fraude procesal, peculado por apropiación, y fabricación, tráfico y porte de uniformes de uso privativo de las Fuerzas Militares.

    Es decir, es perseguido por la clase de delitos por los que deberían responder, exactamente, los jefes e integrantes de grupos criminales. No les falta a los fiscales sino imputarle homicidio y delitos de lesa humanidad. Y sabiendo el estado actual de cosas, no sería extraño que le hagan extensiva una responsabilidad penal equivalente a la coautoría por todos los crímenes atribuidos a los grupos ilegales con los que, como Comisionado de Paz, tuvo que tratar y dialogar.

    Que la Fiscalía haya asumido su caso con esa premura, prioridad, interés evidente y por sobre otros procesos acuciantes de verdaderos delincuentes de profesión, ¿indica la imparcialidad de nuestra Justicia? ¿La independencia de poderes? ¿La vigencia de la igualdad de la ley para todos los ciudadanos?

    La finalidad del procesamiento al doctor Restrepo no parece obedecer a ninguna de esas altas aspiraciones. Él mismo, desde mucho antes de sentir sobre sus hombros la « trituradora » procesal penal que le ha puesto una losa a su dignidad de luchador por la paz, había advertido repetidamente lo que finalmente vino a suceder.

    Con los principales capos del paramilitarismo extraditados a Estados Unidos por sus constantes burlas e incumplimientos a los acuerdos logrados de buena fe en Ralito, que el excomisionado de Paz pudiera ser víctima de una venganza criminal era absolutamente factible. Es más, incluso esperable.

    Sin embargo, lejos de sentir amparo institucional, derivado de un sano consenso político para precaver los riesgos y amenazas contra un trabajador de un tema de Estado (¡la paz!), al excomisionado lo han arrojado a los leones.

    Si bien no mediante las tretas delincuenciales urdidas desde cárceles norteamericanas o desde despachos jurídicos en Colombia, algunos representantes de la institucionalidad se han unido a la estrategia de linchamiento. El mismo lenguaje utilizado para atacar al procesado indica un odio y un ánimo de venganza y rencor político que desdicen mucho del sentido de Estado que deberían asumir.

    Paralelamente, los Ministros del Interior y de Justicia recitan un libreto formal de respeto a la justicia y acatamiento a los mandatos judiciales. Lejos de nuestro ánimo objetar el respeto institucional y el obedecimiento a las órdenes legítimas de un poder judicial imparcial y -valga la tautología- justo.

    Esa misma ley, entendiendo como parte de nuestro corpus constitucional los instrumentos internacionales de protección diplomática, legitiman al doctor Restrepo a buscar resguardo y asilo. Un país democrático podrá suministrarle el amparo que su propio país le niega.

    Colombia lleva años intentando construir un destino de paz. Toda la mejor voluntad de sucesivos Gobiernos, con crasos errores, por supuesto, ha confluido en diálogos y negociaciones que, de un modo u otro, han aliviado la posibilidad latente de una realidad social inmanejable. Pero el mensaje, ahora, es que quien se « deje el pellejo » en ese empeño, será tratado como un criminal.

  • Fabio:

    El Mundo, febrero 11 de 2012
    Editorial

    No le luce a un demócrata integral como el primer mandatario, heredero del talante republicano de su abuelo, el expresidente Eduardo Santos, imitar las veleidades populistas de ciertos “nuevos mejores amigos”.

    Se cumple hoy en Necoclí la llamada marcha “por la tierra, la vida y la paz”, promovida y respaldada con dineros públicos por el Gobierno Nacional. Durante la reunión del Acuerdo para la Prosperidad que presidió ayer en Medellín, el presidente Santos no solo confirmó su presencia y la de “los tres poderes públicos” en el acto, sino que defendió ese tipo de movilizaciones como una manera de “darles un mensaje a quienes quieren seguir defendiendo la ilegalidad”.

    Con el mayor respeto pero con toda franqueza, nos parece un desacierto que el Gobierno funja como promotor de ruidosas manifestaciones a favor de sus propias políticas, como si todavía estuviera en plena campaña electoral. ¿O será que lo está? Ya hay malpensados que sugieren que su llamada “revolución agraria” es la plataforma de lanzamiento a la reelección y que las marchas en defensa de la ley de marras son parte de la estrategia para conquistar al electorado campesino. Ni falta que le hace al doctor Santos, pues él mejor que nadie sabe que el gran capital político, con miras a un eventual segundo mandato, es demostrar que hizo un buen gobierno y apenas vamos en 18 meses de brillantes expectativas. Por lo demás, no le luce a un demócrata integral como él, heredero del talante republicano de su abuelo, el expresidente Eduardo Santos, imitar las veleidades populistas de ciertos “nuevos mejores amigos”.

    Que no se entienda que estamos en contra de las marchas campesinas y menos en contra de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Por el contrario, ojalá haya muchas movilizaciones, a lo largo y ancho del país, en reclamo de justicia para quienes han sido despojados violentamente o con engaños de sus bienes, y arrojados con sus familias a los cordones de miseria en centros urbanos. Pero nadie, ajeno a las víctimas, y menos el Gobierno, debería inmiscuirse en tales manifestaciones. El Ejecutivo cumplió su parte, presentando y defendiendo la ley en el Congreso; este hizo lo propio, aprobándola; y los órganos judiciales y la Fuerza Pública deben cumplir lo que les corresponde: los primeros, respaldando los procesos de restitución y resolviendo con prontitud y eficiencia los pleitos que de ello se deriven, y la segunda garantizando la seguridad de los reclamantes, especialmente de sus líderes, para que no sigan siendo asesinados.

    El Gobierno ha puesto oídos sordos a la oportuna advertencia de la Asociación de Bananeros de Colombia, Augura, que, con absoluto conocimiento de causa -como gran protagonista del desarrollo de Urabá y víctima también de la violencia de todo tipo- expresó su preocupación de que, para promover la aplicación de la ley, “se esté organizando una movilización masiva en una región que ha sido escenario de los más dolorosos acontecimientos de violencia… El país y el mundo han registrado, a través de los medios de comunicación, las estremecedoras imágenes que han golpeado esta zona a lo largo de casi tres décadas”. Lamentable que, en lugar de aclimatar la paz que tan difícilmente se ha venido conquistando en los últimos diez años, el Gobierno -de buena fe, seguramente- resulte contribuyendo a todo lo contrario. Ojalá estemos equivocados, pero como dice el gremio empresarial en su comunicado, “la euforia de los manifestantes puede alterar los ánimos de los involucrados y generar innecesarias situaciones de conflicto que hoy consideramos superadas. Urabá es un paciente en convalecencia al que hay aplicarle altas dosis de racionalidad”.

    Qué pifia la de algunos colegas de la gran prensa al interpretar, en sus titulares y enfoques noticiosos, que Augura y los empresarios bananeros se “oponen” a la marcha. El último párrafo del comunicado desmiente el infundio: “Si el Gobierno decide seguir adelante con el acto programado en Necoclí, una comisión de la Junta Directiva de Augura se hará presente en dicho evento, como una demostración de acatamiento a la Institucionalidad y a la voluntad del señor presidente Santos”.

  • Fabio:

    ¿PREVARICAN?
    Por Rafael Nieto Loaiza
    El Colombiano, 12 de febrero de 2012

    ¿Los magistrados Pareja y Poveda son ignorantes o de mala fe? En la sentencia contra el coronel (r) Plazas Vega sostienen que las eventuales desapariciones son crímenes de lesa humanidad y de competencia de la Corte Penal Internacional (CPI).

    Plazas Vega fue primero condenado por once desapariciones, aunque la única que aparece probada en el expediente es la de la guerrillera Irma Franco.

    En otros nueve casos, la ausencia de pruebas es tan evidente que ahora sólo pudieron condenarlo por dos, incluido el administrador de la cafetería.

    Pero sobre este último también hay dudas. Ni siquiera su padre pudo identificarlo en los videos de la época.

    Por eso el magistrado ponente, Hermens Lara, merecedor de todo respeto y reconocimiento, no duda en afirmar que « no se encontró prueba alguna de la desaparición de diez personas ».

    Pero supongamos que hayan sido dos los desaparecidos. ¿Habría un crimen de lesa humanidad? ¿Y si lo fuera, sería de competencia de la CPI?

    Para cualquiera que se tome el trabajo de leer el estatuto de Roma, definitivamente no.

    Dice el tratado que « la competencia de la Corte se limitará a los crímenes más graves de trascendencia para la comunidad internacional en su conjunto » y que de lesa humanidad es, entre otros, la desaparición forzada, siempre que « se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil ».

    Si no fuera claro, agrega que « por ‘ataque contra una población civil’ se entenderá una línea de conducta que implique la comisión múltiple de (los) actos mencionados contra una población civil, de conformidad con la política de un Estado [?] de cometer esos actos ».

    De manera que por sí mismas unas desapariciones no configuran un crimen de lesa humanidad. Se requiere que se cumplan los requisitos del ataque generalizado y sistemático contra la población civil, la comisión múltiple de esos actos y la política del Estado de cometerlos. Ninguna de esas condiciones se da en el caso del Palacio de Justicia.

    Pero aun si hubiera un crimen de lesa humanidad, « la Corte tendrá competencia únicamente respecto de crímenes cometidos después de la entrada en vigor » del tratado, es decir, después del 1 de julio de 2002.

    Y sólo tendrá competencia complementaria, es decir, cuando la jurisdicción nacional no juzga porque colapsó o porque quiere « sustraer al acusado de su responsabilidad penal ».

    Nada de eso ocurre en Colombia.

    ¿Por qué entonces la petición de que se lleve a Belisario Betancur a la CPI?

    Estoy seguro de que Poveda y Pareja no tienen ni idea de qué es un crimen de lesa humanidad, pero también que sí conocen el ámbito de competencia de la CPI.

    Por eso estoy convencido de que nada quieren con Belisario. Trabajan para en un futuro llevar a Álvaro Uribe a la Corte. Por eso se vienen de frente y sin sonrojarse contra el sistema de investigación que establece la Constitución para juzgar al Presidente de la República.

    Buscan deslegitimarlo. Según los magistrados, hay que ir a la CPI para que « impida la consolidación de la impunidad que brinda el fuero que protege al presidente de la República en el ámbito interno colombiano ».

    Por supuesto, esta sentencia aberrante ratifica la necesidad de tal fuero.

    Hay que impedir que la Presidencia de la República quede en manos de jueces como estos.

    « En un sistema democrático, el poder judicial se legitima por la aplicación de la ley a la que está sujeto, y no por la simple imposición de sus potestades. De manera que el Estado de Derecho se vulnera cuando el juez, con el pretexto de aplicación de la ley, actúa solo [por] su propia subjetividad concretada en una forma particular de entender la cuestión po resolver, y prescindiendo de todos los métodos de interpretación admisibles en derecho, acoge un significado irracional de la norma, sustituyendo así el imperio de la ley por un acto contrario de mero voluntarismo ».

    Lo dice el Tribunal Supremo español para condenar por prevaricato a Baltasar Garzón. En este caso puede decirse exactamente lo mismo.

  • Nicolas:

    Febrero 16 de 2012
    Comunicado
    He escuchado con espanto las imputaciones calumniosas que me hace la Fiscalía. Como si fuera poco, para declararme un peligro para la sociedad, recurren a testigos falsos que jamás he visto en mi vida, cuyos nombres desconozco, para decir ahora que intenté comprar silencios y preparar desmovilizaciones fraudulentas.
    Con profundo dolor debo decir que la empresa criminal de la que quieren hacerme responsable se encuentra en realidad en la Fiscalía General de la Nación. Jamás pensé que la maldad humana pudiera llegar hasta estos límites. ¡Pobre Colombia!
    Hoy, vestidos con el ropaje de la ley, los criminales se han apoderado de la Fiscalía. Si fueron capaces de hacer este montaje del que me acusan, no dudarán en matarme cuando me tengan a su alcance. Recurriré por eso a las leyes internacionales para que otro gobierno me de la protección que el de mi país no quiso o no pudo darme. Y ante estas infamias solo cabe la dignidad del silencio.
    Luis Carlos Restrepo Ramírez

    Communiqué
    J’ai écouté, non sans effroi, les inculpations calomnieuses dont me chargent les services du Procureur. Comme si cela ne suffisait pas, pour déclarer que je suis un danger pour la société, ils recourent à de faux témoins que je n’ai jamais vus de toute ma vie, dont les noms me sont inconnus, pour affirmer aujourd’hui que j’ai tenté d’acheter le silence et que j’ai organisé des démobilisations frauduleuses.
    Avec une infinie douleur, je dois dire que l’entreprise criminelle dont ils souhaitent me rendre responsable se trouve être en réalité au coeur même des services du Parquet général de la nation. Jamais je n’aurais pensé que le mal de l’homme pouvait atteindre de tes sommets. Pauvre Colombie!
    Aujourd’hui, revêtus du manteau de la loi, les criminels se sont emparés du Parquet général. S’ils sont capables de mettre en place le montage dont ils m’accusent, ils n’auront aucuns scrupules à me tuer s’ils me tiennent à leur merci. C’est pourquoi j’aurai recours aux lois internationales afin qu’un autre gouvernement me donne la protection que mon propre pays ne veut pas ou ne peut pas m’offrir. Face à de telles infamies, l’atttude la plus digne est le silence.

  • Fabio:

    Continuation du sujet initié par Nicolas. Au petit groupe de journalistes colombiens qui se battent contre le narco-fascisme du « cartel de la toge », et pour defendre la democratie, la raison et l’honneur du pays: Bravo, bravo à vous!

    —————————————

    EL ASILO DE RESTREPO
    Rafael Nieto Loaiza
    El Colombiano, Medellín, febrero 19 de 2012

    El asilo tiene un propósito humanitario: proteger a quienes consideran que son perseguidos en sus países de origen por razones políticas.

    Aunque no debe concedérsele a delincuentes comunes, es el Estado que asila el que hace la valoración de si el solicitante es o no un perseguido y si tiene garantías procesales y de imparcialidad en su investigación y juzgamiento.

    No importa si la acusación que se le formula a quien pretende asilarse es por delitos comunes, porque es posible que la motivación de tal acusación sea política.

    Quien debe evaluar si la razón última de una acusación es política y si existen las garantías necesarias para un juicio justo, es el Estado que concede el asilo. Dejarlo a la opinión del Estado nacional del asilado sería acabar de tajo con la figura.

    Colombia ha sido siempre defensora del asilo, como lo saben muchos latinoamericanos que van de Alan García a Pedro Carmona.

    En la otra cara de la moneda ha respetado también la decisión de otros Estados de conceder asilo a colombianos. Son decenas los guerrilleros asilados en Europa sin que la Cancillería se haya pronunciado. Y no dijo esta boca es mía cuando Leyva Durán se asiló en Costa Rica, acusado de negocios con narcotraficantes, ni tampoco en casos como los de alias Pitirri, infame y confeso criminal que goza de asilo, ese sí inexplicable, en Canadá.

    Por eso sorprende cuando amenaza al gobierno de Panamá por la concesión del asilo a María del Pilar Hurtado.

    Más allá de si es o no responsable de los delitos que se le imputan, ¿alguien puede razonablemente creer que tiene garantías procesales y de imparcialidad en un juicio que sería adelantado por aquellos que sostienen haber sido víctimas de seguimientos e interceptaciones telefónicas por el DAS?

    Con Luis Carlos Restrepo ocurre algo similar. La Fiscalía, con una celeridad inusitada en un país donde los procesos penales duran lustros, le imputa ser el jefe de una « empresa criminal » y delitos que van desde concierto para delinquir y peculado hasta tráfico de armas. De reconocer que hubo falsos guerrilleros entre los desmovilizados del  » Cacica Gaitan a » a sostener que Restrepo dirigió el entramado para colarlos en el proceso hay un abismo que no parece preocupar en absoluto a la Fiscalía.

    Restrepo ha sostenido que fue engañado y tiene derecho, salvo que se le pruebe inequívocamente lo contrario, a que se le crea.

    Y lo tiene no sólo porque sus antecedentes lo muestran como un hombre decente y probo, sino porque en su calidad de comisionado de paz, con graves riesgos personales, les puso tatequieto a los abusos de los jefes paras que después fueron extraditados. Este país ingrato no tiene derecho a olvidarlo.

    Además, esa Fiscalía complaciente con los Nule y que acusa de los más graves delitos a Restrepo, es la misma que está cuestionada por sus lazos afectivos con quien, como si fuera poco, ahora agrega a su prontuario el ser señalado como asesor a sueldo de los paramilitares.

    La misma Fiscalía que reaccionó iracunda a la carta de Restrepo, señalando posibles conductas delictivas de su marido y la misma que forzó la renuncia del Vicefiscal, encargado de investigar al narco para asesor, quizás porque éste se negó a sentarse a manteles con quien debía investigar.

    La misma Fiscalía que presionó a Olivo Saldaña para que declare contra Restrepo a cambio de favores, como lo denunció primero el abogado de Saldaña y después, arrepentido de su negociación, Saldaña mismo.

    La misma Fiscalía que acusó de mentiroso al Presidente de la República, sin que éste se mosqueara y a la prensa bogotana le importara.

    La misma Fiscalía que no será investigada por fraude, bien porque no tenía invalidez absoluta para exigir semejante pensión, bien porque siendo absolutamente inválida se posesionó en su cargo oficial.

    Para rematar, Restrepo habría de ser juzgado por unos magistrados que, no insisto más en ello, han probado una y otra vez, incluso sosteniendo que ha debido ser derrocado, su animadversión contra el expresidente Uribe.

    En esas condiciones, ¿acaso no tiene sustento el asilo de Restrepo?

  • Fabio:

    Están derrumbando el Estado de Derecho
    Eduardo Mackenzie
    París, 19 de febrero de 2012

    La sentencia del Tribunal Superior de Bogotá que condena al Coronel Plazas en segunda instancia ha desatado una gran ola de comentarios y protestas en la prensa y de críticas hasta en altos centros de poder. Esa decisión no ha recibido una sola defensa propiamente dicha, mientras la diatriba y la cólera alcanzan a numerosos periódicos y páginas web del país.

    La sentencia inicua del TSB, rechazada hasta por el jefe de Estado colombiano, Juan Manuel Santos, marca una época. Es como si estuviéramos al comienzo de una importante ruptura: saliendo de un periodo de descontento marcado de la sociedad civil ante la actuación del poder judicial y entrando en una fase de fuerte radicalización contra las manifestaciones más desafiantes de esa justicia que va de escándalo en escándalo y que ahora, en 2012, ya no trata siquiera de ocultar el carácter ultra arbitrario de ciertas sentencias y que se burla cínicamente de la Constitución y de las leyes colombianas.

    Por otra parte, la opinión pública rechaza cada vez con más fuerza el insoportable triunfalismo y la soberbia de algunos dirigentes del M-19, organización que asaltó y destruyó el Palacio de Justicia en 1985, que se felicitan al ver en la cárcel a los militares que defendieron el Palacio de Justicia y el Estado de Derecho. Esa inversión y perversión total de la justicia es inaceptable. El clamor de los ciudadanos aumenta para ver que esos ex terroristas sean por fin juzgados.

    Los excesos de la justicia politizada está llevando al poder judicial a una fase de peligroso aislamiento. Quienes creen que la dictadura judicial colombiana es invulnerable pueden estar cometiendo un gran error.

    La sentencia que desató la nueva ola de protestas revela una intención ilegal de sus autores: condenar sin pruebas a un inocente (el Coronel Alfonso Plazas), sancionar a un ex presidente de la República que no figuraba en ese proceso (Belisario Betancur), y humillar a una institución que tampoco era parte en el proceso del Coronel Plazas: el Estado y las Fuerzas Militares de Colombia. Días después de la proclamación de esa sentencia aparecieron nuevos elementos de juicio sobre las motivaciones y consecuencias de la misma.

    Enumeremos algunos.

    1. Alberto Poveda Perdomo y Fernando Pareja, los operadores judiciales que firmaron la sentencia de 608 páginas contra el Coronal Plazas, están en el TSB para realizar unas tareas políticas precisas y no para impartir justicia. Habría que revisar las actuaciones anteriores en el TSB de esas personas.

    2. Esos dos operadores judiciales son, como algunos medios lo revelaron en febrero de 2012, sin ser desmentidos, militantes disciplinados de un partido extremista, el Polo Democrático. No se puede descartar que esa condición fuera conocida por quienes obraron para cooptarlos al TSB. Poveda Perdomo fue candidato a la Cámara de Representantes en 2002 por una coalición de extrema izquierda. La llegada de ese tipo de funcionarios al TSB es el resultado de una actitud de descontrol y laxismo en el sistema de cooptación de los magistrados de Colombia.

    3. Al redactar esa sentencia, para lo cual tuvieron que pasar por encima de la realidad del expediente, ellos cometieron varios delitos, entre ellos el de prevaricato, por el cual serán investigados algún día.

    4. Para aceptar cometer esa infamia ellos tuvieron que haber recibido garantías al más alto nivel, pues sabían que tal actuación es pasible de sanciones administrativas y penales. Sin embargo, en los próximos meses sus padrinos tendrán que destaparse, cuando las demandas lleguen y éstos tengan que salir de la sombra para frenar las acciones. La prensa deberá estar muy atenta a los detalles de tal evolución.

    5. El día en que El Tiempo publicó la noticia de que el TSB confirmaría la condena, los operadores dieron a entender que, en efecto, estaban exigiendo “garantías”. ¿Qué tipo de garantías? ¿Quién se las otorgaría? ¿A cambio de qué?

    6. El Polo Democrático es una organización particular. El no encarna la izquierda democrática en Colombia. Esa formación está dominada por jefes de dos organizaciones que dispusieron de aparatos armados: el M-19 y el Partido Comunista. Ninguna de esas dos formaciones ha roto políticamente con ese pasado criminal. Históricamente, todas las facciones de izquierda del país han sufrido las presiones, amenazas y violencias de las FARC y del PCC, para que marchen a su lado y ejecuten las tareas que éstas les dictan. Esas facciones deben servir, en última instancia, a los planes de las FARC y del PCC. Esas facciones, al no ser autónomas ni independientes, no pueden ser catalogadas como “izquierda democrática”.

    7. En esas condiciones es perfectamente lógico que los citados operadores judiciales hayan ratificado la condena del Coronel Plazas Vega, un inocente, y hayan tratado de golpear el honor de un ex presidente, del Ejército y del Estado colombiano.

    8. El país no puede esperar que miembros, activistas y jefes del Polo Democrático impartan justicia. Si son militantes, como lo ha denunciado la prensa, ellos están en la imposibilidad moral e intelectual de fallar en Derecho. Para un militante marxista la prioridad es sacar adelante sus tareas políticas. El Derecho y la ley son puestos al servicio de éstas y no al revés. Para ellos es impensable obrar de otra manera.

    9. La consecuencia objetiva de la actuación de esos operadores en el TSB fue minar aún más la moral del Ejército e impedir que se haga justicia al Coronel Alfonso Plazas Vega, pues su inocencia ha sido demostrada varias veces: por el mismo magistrado ponente, Herminsul Lara, del TSB, así como por el Ministerio Público, por los abogados de la defensa y por el periodismo independiente.

    10. Poveda y Pareja impusieron su punto de vista en la sentencia sin penetrar racionalmente en el expediente, sin justipreciar la sentencia de primera instancia, y sin valorar la ponencia de segunda instancia del magistrado Herminsul Lara. Como lo demostró Jaime Granados, abogado del Coronel Plazas, la prueba de tales desmanes es que esos dos operadores pretenden darle el carácter de pruebas válidas a los falsos testimonios invalidados por dos jueces (Jara y Trejos), en las sentencias de junio de 2010 y de diciembre de 2011, y por el magistrado ponente Herminsul Lara.

    11. Poveda y Pareja firmaron ese texto para realizar otra tarea no menos chocante: levantar una muralla de desconfianza entre la justicia civil y las fuerzas militares.

    12. Las fuerzas armadas colombianas son el único recurso de que dispone el Estado y el pueblo colombiano en su lucha contra su enemigo depredador histórico, las Farc, y contra el narco-terrorismo y contra los designios imperialistas del Estado venezolano-chavista en el continente.

    13. Con su sentencia, Poveda y Pareja tratan de excluir toda posibilidad de juzgamiento a los dirigentes supérstites del M-19 que, como Gustavo Petro y Antonio Navarro, nada hicieron en 1985 dentro del M-19 contra la orden de recibir dinero de Pablo Escobar para derribar el gobierno de Belisario Betancur, masacrar a las Cortes, a sus magistrados y empleados, para destruir sus archivos y asesinar a los que fuera necesario para cumplir esos abyectos designios.

    14. Poveda y Pareja trataron de crear un precedente que abriría la vía a sucesivos actos ilegales de humillación de las Fuerzas Militares y del Estado colombiano, a pesar de que el ordenamiento jurídico colombiano excluye ese tipo de sanción.

    15. Los dos operadores trataron de legitimar el uso de falsas pruebas, y de los más estrafalarios trucos ilegales para desviar la instrucción del proceso del Coronel Plazas Vega, para que ese proceso sirva de modelo a seguir en los otros procesos penales en donde están involucrados altos militares, policías y personalidades políticas y miembros de la sociedad civil que luchan contra las amenazas subversivas que se ciernen contra la democracia colombiana.

    16. Como el M-19 y Pablo Escobar no pudieron derrocar a Belisario Betancur, el fallo de los operadores quiere que esa obra de destrucción física, política y moral sea ejecutada, 26 años después, por la Corte Penal Internacional, ignorando que ese tribunal no tiene competencia para juzgar este asunto ni los eventos ocurridos antes de su creación, y prescindiendo del hecho de que la CPI no fue creada para servir de instrumento vengativo de los narco-terroristas.

    17. La sentencia de los señores Poveda y Pareja pone a Colombia ante un dilema. Si lo hecho por esos dos operadores judiciales no es repudiado, y si la justicia no recupera la confianza que ha perdido en el corazón de los colombianos mediante una sabia decisión de la próxima sala de casación, el debido proceso y, más precisamente, el Estado de derecho colombiano habrá dejado de existir. Dejar en pié la sentencia de Poveda y Pareja equivaldrá a decir que los enemigos del Derecho le han abierto a éste una tronera y que los colombianos podrán ser juzgados mediante los métodos más bajos, ilegales y fraudulentos. Ya nadie podrá aspirar a ser tratado con equidad y honradez en los estrados colombianos. Es lo que constata el Procurador General, Alejandro Ordoñez, cuando dice: “No hay General, no hay oficial que vaya a salir indemne de esta guerra jurídica y política. […] No habrá ex presidente que logre quedar por fuera de esa tesis jurídica que hace parte de una guerra jurídica contra el Estado. […] El Presidente Santos también está corriendo los riesgos de que se le aplique esa tesis jurídica. Es una guerra jurídica dentro de una guerra política contra el Estado colombiano”.

    18. En Colombia no habrá izquierda democrática leal a la Constitución hasta que el PCC y las FARC no sean excluidos de la vida política. Esas dos organizaciones han ejercido un severo control sobre las agrupaciones que se dicen de izquierda, mediante la propaganda, pero también mediante el chantaje y la violencia. El PCC y su brazo armado desmantelaron el PSR de María Cano en 1929 y desde entonces han infiltrado con éxito dispar todas las formaciones políticas, de derecha y de izquierda, para servirse de ellas.

  • Fabio:

    Nunca más
    Salud Hernández-Mora
    El Tiempo, Bogotá, febrero 18 de 2012

    Diez años después de aquel invento que muchos aplaudimos al principio por pura ignorancia, exceso de ingenuidad o estupidez, es innegable que fue un error descomunal, un fracaso absoluto.

    « El orden público está en situación crítica »: Alcalde de Vista Hermosa.

    Si algo dejó claro la historia reciente es que jamás ningún gobierno puede entregar otro Caguán ni un Caguancito. Sería un nuevo atropello a unas comunidades que la dirigencia colombiana, con una frivolidad escalofriante, despreciaron por completo. Diez años después de aquel invento que muchos aplaudimos al principio por pura ignorancia, exceso de ingenuidad o estupidez, es innegable que fue un error descomunal, un fracaso absoluto.

    Pasé unos días recorriendo algunos de esos municipios y veredas -La Uribe, La Julia, Mesetas, Vista Hermosa, etc.- y la conclusión es la misma: no han podido recuperarse aún de aquella medida y sus terribles consecuencias. Porque no solo los obligaron a vivir bajo el yugo de la guerrilla; es que sufrieron también la sanguinaria arremetida paramilitar que pretendía contrarrestar el poderío de las Farc.

    Y hoy, pese a correr el riesgo de que el presidente Santos nos tache de idiotas útiles o terroristas, tengo que escribir lo que me dijo el alcalde de Vista Hermosa: « El orden público está en situación crítica »; reina la zozobra.

    Por si no lo saben en la Casa de Nariño, La Macarena, principal transportista del área, redujo en ese municipio sus frecuencias porque las Farc ya le quemaron tres vehículos, y en otros, como La Uribe, los suspendió por completo. Si quieren circular, así como si tienen ganado, comercio, obras o un negocio, deben dar vacuna, como lo hará la petrolera que está en Vista Hermosa, claro que disfrazándola con algún subcontratista. Y no es el único pago. Las bandas herederas de los ‘paracos’ cobran duro su tajada.

    Ante las extorsiones que regresaron con toda crudeza, el Ejército y la Policía poco pueden hacer. Baste decir que en Vista Hermosa, el año pasado los dejaron con solo nueve policías en el centro urbano para una población de ocho mil personas. Y ahora no se les ocurre nada mejor que enviar 120 agentes a una población que fue grande, pero hoy día está en los huesos -Santo Domingo-, una medida de una inutilidad completa. Porque, al encontrarse en territorio fariano, todo lo que harán los agentes será refugiarse en las trincheras para que no los maten.

    Tanto en La Julia como en toda la infame trocha que une esa inspección con La Uribe y que más parece un pedregal o el cauce seco de un río, se siente la viva presencia de las Farc, a pesar de lo cual y de la falta de vías decentes, muchos campesinos que no quieren saber nada de coca luchan a brazo partido por sacar adelante cultivos lícitos y ganado.

    Uno de los que mandan en esas tierras es el tristemente famoso ‘Romaña’. Puesto que la felicidad no es completa, la caída del ‘Mono Jojoy’ en la serranía de La Macarena provocó que los anillos de seguridad que lo protegían, dirigidos por cabecillas experimentados, salieran en buena parte hacia el Meta a recuperar territorios que les habían arrebatado. Contra eso, ni siquiera las inmensas instalaciones militares de La Uribe -parece un batallón con pueblo- han logrado los éxitos que quisiéramos, pese a los buenos oficiales con los que cuentan. Como me dijo una señora: « Vivimos en la guerra y moriremos en la guerra ».

    Y en cuanto a restitución de tierras, las incontables que robaron las Farc seguirán en manos de sus testaferros, puesto que ningún propietario osará recuperarlas en esta situación, salvo que quieran morirse antes de tiempo. Tampoco será fácil quitárselas a los ‘exparas’, agrupados en varias bandas.

    Con todo, quizá lo más llamativo y admirable es la fortaleza de las gentes de esa preciosa región, su ingente esfuerzo por desarrollar la economía legal para olvidar la coca, y la inquebrantable esperanza de que mejoren sus pueblos. No sé en qué la sustentan, pero la tienen a raudales.

  • Fabio:

    El Caguán, ilusión romántica
    Editorial
    El Colombiano, Medellín, febrero 19 de 2012

    Diez años después, el Caguán nos enseña que es mejor negociar fuera de Colombia, sin micrófonos, sin shows, con una agenda gubernamental seria y clara, y bajo cese el fuego de todos los alzados en armas.

    Las negociaciones en el Caguán fueron una ilusión romántica.

    Casi todo el pueblo colombiano estaba cansado de sumar muertos y secuestrados por culpa de la alianza entre insurgentes, autodefensas y narcotraficantes.

    Nos emocionamos al ver la foto de alias Manuel Marulanda con el candidato Andrés Pastrana de camiseta amarilla. Pastrana quería ganar la Presidencia en la segunda vuelta electoral. Y lo logró.

    La silla que dejó vacía Marulanda, el 7 de enero de 1999, fue un campanazo de alerta de que las cosas no iban a funcionar.

    ¿Debió el Presidente Pastrana posponer la ceremonia hasta cuando Marulanda se comprometiera a sentarse en dicha silla? Creemos que sí. Claro que es más fácil ser historiador que profeta.

    Lo que nos aterró desde los primeros momentos fue la generosidad del Gobierno al despejarles a las Farc 42.000 kilómetros cuadrados, la extensión de Suiza, por ejemplo.

    Y luego llegaron más desagradables sorpresas. La salida de la Institucionalidad: del Batallón Cazadores del Ejército, de la Policía, de la Justicia toda. Las Farc controlaban las carreteras, el aeropuerto de San Vicente del Caguán y el propio municipio, además de los otros, localizados en esa inmensa zona de distensión.

    Mientras los civiles llegábamos con papel y lápiz, los guerrilleros nos recibían con sus metralletas de última generación, y con ellas se sentaban a la mesa de los diálogos.

    Creemos que las Farc tenían su agenda desde antes de ese 7 de enero y que el Gobierno de Pastrana no la tenía.

    Por eso, las Farc podían secuestrar con tanta facilidad y movilizarse en vehículos nuevos, robados a quién sabe quién. Por eso todavía tienen sus campos de concentración, en donde hay Policías y Soldados y, muy seguramente, civiles. Todos ellos muriendo en vida en la selva.

    Para agosto de 2001, las Farc querían una Constituyente en tierras colombianas, sin desmovilizarse, sin cese el fuego, ni de ellas ni de los otros grupos alzados en armas.

    Y uno de los líderes de ese grupo se paró de la mesa, en algún rincón de la zona de distensión, cuando alguien les pidió que abandonaran el narcotráfico para tener un mínimo de base legítima para poder seguir dialogando.

    Cuando en febrero de 2002 hicieron aterrizar un avión en una carretera de El Hobo, Huila, para secuestrar al senador Jorge Eduardo Géchem Turbay, el Presidente Pastrana clausuró los diálogos.

    Consideramos, sin embargo, que el Presidente les dio a las Farc demasiado tiempo para replegarse y que por eso siguen teniendo sus cárceles tipo « gulags » en zonas limítrofes con países vecinos.

    ¿Está cerrada con candado la posibilidad de un diálogo que pueda conducir a una negociación? No. Pero con condiciones que deben cumplir antes de llegar a él, teniendo en cuenta que, cada vez más, las Farc actúan en unión con todos los grupos violentos que hay ahora en el país. Estas condiciones son:

    Cese el fuego, entrega, sin condiciones, de todos los secuestrados, sean miembros de la Fuerza Pública o civiles, y compromiso de eliminar la extorsión.

    Desminado de todo el territorio colombiano. Esa labor la tienen que hacer todos los violentos que las han sembrado.

    Entrega de toda la información que guardan sobre el narcotráfico: dónde hay siembra de alucinógenos, dónde están los laboratorios de procesamiento, quiénes proveen los precursores químicos, quiénes sacan la droga procesada, quiénes entran armas, y cuáles son los métodos y caminos de este canje.

    Esta petición no es la primera vez que la hacemos:

    Cuando se desmovilizaron las Auc, escribimos un editorial en el que le decíamos al gobierno del Presidente Uribe que debería haber exigido la entrega de toda la información de los eslabones del narcotráfico.

    Hay que reconocer que el Presidente Pastrana le dio un fuerte impulso al Plan Colombia y al mejor entrenamiento de la Fuerza Pública.

    El expresidente Álvaro Uribe siguió con dicho plan y aceleró dicho entrenamiento.

    Mantuvo en su gobierno de 8 años lo que dijo desde que fue elegido en 2002: Corazón grande, mano tendida y pulso firme.

    Intentó diálogos poniendo como facilitadores a Piedad Córdoba , entonces senadora, y al presidente venezolano Hugo Chávez. Sacó de la cárcel a Rodrigo Granda , por petición de las Farc y del gobierno de Francia.

    Se negó al despeje de Florida y Pradera porque son zonas estratégicas para los violentos.

    El expresidente Pastrana ya habla de tener diálogos en el exterior, sin micrófonos.

    Es que el Caguán dejó muchas lecciones sobre hechos, procedimientos y circunstancias que no se pueden repetir.

    La Colombia de buena voluntad, que es la gran mayoría, quiere la paz integral, pero dentro de un marco de institucionalidad y dignidad.

    Quiere la paz, pero sabe que el cómo es más importante que el qué, en especial cuando se habla de diálogos que puedan conducir a la paz integral, el sueño de todos o, mejor, de casi todos.

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